Un piloto de rally boliviano, vinculado a un cargamento de 442 kilos de cocaína secuestrado en Santa Fe y el nexo con la región

La aeronave con matrícula boliviana fue interceptada en una pista clandestina de Vera, norte de la provincia, en un operativo que incluyó explosivos y un helicóptero de asalto. La investigación, impulsada por alertas de la DEA, revela la influencia del narco uruguayo Sebastián Marset en el territorio argentino.

El 26 de abril pasado, en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), momentos antes del inicio de una competencia de rally, un sicario colombiano se acercó al vehículo del piloto local José Pedro Rojas Velasco, conocido como «Pepa», y lo acribilló con seis disparos. Pepa no solo no pudo completar la prueba de la categoría SXS Racing, sino que tampoco pudo concretar el envío de un importante cargamento de cocaína hacia el norte de Santa Fe.

Su muerte postergó diez días la llegada de 442 kilos de cocaína que estaban siendo monitoreados por los fiscales Diego Iglesias y Matías Scilabra, de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), quienes habían sido alertados por la agencia antidrogas estadounidense DEA.

Marset, el nexo con Estados Unidos

Rojas Velasco estaba en la mira de los norteamericanos por ser uno de los operadores bolivianos de Sebastián Marset, el narcotraficante uruguayo detenido el 13 de marzo en Santa Cruz de la Sierra y extraditado al día siguiente a Estados Unidos. Marset renunció hace un mes a declararse culpable en un juicio abreviado y ahora negocia con sus abogados convertirse en colaborador de la Justicia estadounidense. Fuentes judiciales no descartan que la información que permitió detectar este cargamento forme parte de esa negociación.

45 días de seguimiento y un aterrizaje complicado

La pesquisa de Procunar se extendió durante 45 días. Se vio demorada no solo por el homicidio del referente de Marset, sino también por las intensas lluvias en Bolivia y el norte santafesino, que volvían intransitables las pistas improvisadas. Finalmente, se logró secuestrar una avioneta con 442 kilos de cocaína. Sin embargo, según las escuchas telefónicas que obran en el expediente, el flujo de droga podría ser de entre dos y tres envíos por mes desde el país vecino.

Ocho detenidos y un operativo de alto impacto

Detectives del Departamento Federal de Investigaciones (DFI) de la Policía Federal Argentina (PFA) arrestaron a ocho personas: los dos pilotos de la aeronave y seis hombres del norte de Santa Fe, encargados de acondicionar el terreno para las maniobras de aterrizaje y despegue, así como del retiro de la droga desde un campo donde, en paralelo, se realizaban tareas agropecuarias.

El operativo para capturar a los traficantes, la droga y la avioneta incluyó el uso de un helicóptero para trasladar tropas de asalto hasta la improvisada pista narco y la detonación de un explosivo en ese camino de tierra, a pocos metros delante de la aeronave, para impedir el despegue.

El hilo conductor: un teléfono del norte de Santa Fe

El dato que desencadenó toda la investigación fue un número de teléfono argentino —con característica del norte de Santa Fe— que fue contactado desde el exterior por Rojas Velasco. Ese hombre, según la fiscalía, tenía vínculos con actividades aeronáuticas clandestinas vinculadas al contrabando de drogas. A partir de ahí se identificaron otras seis líneas telefónicas, lo que permitió a los investigadores de Procunar trazar un mapa de la organización en territorio argentino.

Pepa, un alfil en ascenso

En Bolivia, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) informó que Rojas Velasco ocupaba un lugar protagónico dentro de la estructura de Marset y que se perfilaba para asumir un rol de mayor jerarquía tras la captura del uruguayo. «Esta persona tendría la posibilidad o la oportunidad de hacerse cargo de la organización», declaró el coronel Jhonny Coca, de la fuerza especializada boliviana —a la que el propio Marset acusó de corrupta en varios videos tras su primera fuga.

Starlink y campos anegados: la logística narco

La investigación también detectó que los integrantes de esta red utilizaban cuentas de Starlink para conectarse a internet, con titulares en Calchaquí y Corrientes, lo que evidenciaba una logística desplegada en una zona rural de difícil acceso, donde no hay señal de celular.

Las comunicaciones intervenidas entre el 17 de abril y el 1° de mayo de 2026 fueron decisivas. Los fiscales identificaron a dos sospechosos principales —Alexis Pablo Antonio Espinosa y Jorge Díaz— que en sus conversaciones describían las condiciones del establecimiento rural Don Julio, ubicado en La Sarnosa (departamento Vera), lugar elegido para el aterrizaje.

El 17 de abril, ambos analizaron el estado del campo: caminos intransitables, barro profundo y sectores anegados que impedían el ingreso de un camión Ford Cargo al que llamaban «el grandote». En esas escuchas mencionaban la presión de «el patrón» —Rojas Velasco— para avanzar pese a las dificultades. El 28 de abril surgió un imprevisto: el dueño del campo lo había alquilado a otro sujeto, apodado «el Loquito C», lo que generó alarma porque interfería con la planificación. En paralelo, los organizadores pedían imágenes de un camino interno al que llamaban «la pista», lo que la fiscalía interpretó como una evaluación técnica del terreno para el aterrizaje.

«Vienen tres, una se va y dos quedan»

El 1° de mayo, Espinosa pronunció una frase que los investigadores consideraron reveladora: «Vienen tres, una se va y dos quedan», interpretada como una alusión a las aeronaves o a los cargamentos. Díaz agregó que «el Gordo» contaba con un depósito dentro del monte donde podrían esconderse los elementos.

Los días 3 y 4 de mayo, el seguimiento GPS y la vigilancia terrestre confirmaron que ambos investigados ingresaron al campo, realizaron maniobras compatibles con el acondicionamiento de una pista de aterrizaje clandestina (incluso filmaron el lugar) y efectuaron recorridos reiterados con detenciones estratégicas en la intersección de la Ruta Provincial 284-S, lo que se interpretó como tareas de reconocimiento y control.

Finalmente, el lunes 5 de mayo, a las 9.33, llegó la comunicación definitiva. Espinosa le dijo a Díaz: «Ya están. Ya vinieron». La fiscalía lo interpretó como la confirmación de que la maniobra era inminente. Ambos coordinaron concurrir de manera inmediata al campo.

Antecedentes: la sombra de Brian Bilbao

Esta causa tiene raíces en una investigación previa vinculada a la organización criminal liderada por Brian Bilbao, el narcotraficante santafesino detenido en 2024 que operaba con avionetas para ingresar cocaína desde Bolivia. Su organización funcionaba con una logística sofisticada: campos rurales acondicionados como pistas de aterrizaje, conexiones con proveedores bolivianos y una cadena de distribución que se extendía por varias provincias.

Pero la caída de Bilbao no desarticuló la estructura. Según la fiscalía, la red continuó operando bajo la coordinación de Rojas Velasco, quien respondía a Marset.

Bilbao había construido un aeródromo narco en un lujoso country en Oliveros, a menos de cinco kilómetros de la Termoeléctrica General San Martín, que cuenta con seguridad privada y agentes federales. Los investigadores creen que la pista estaba ubicada en un lugar estratégico por su cercanía con el río Paraná: se sospecha que los cargamentos de cocaína que traían las avionetas desde Paraguay y Bolivia eran «bombardeados» en la zona de las islas, a unos cinco kilómetros de la pista; además, las aeronaves aterrizaban sin droga en ese lugar, a la vista de todos.

La cercanía con el Paraná enciende otra sospecha: por la cantidad de cocaína que movía esta organización, hay elementos para deducir que la droga estaba destinada al contrabando internacional a través de buques de carga. En esa zona, entre Timbúes y San Lorenzo, hay 12 terminales portuarias privadas que, por la Hidrovía, tienen salida al Atlántico y a los puertos de Europa, Asia y Oceanía.

Otra pista en Carrizales y un fanático de River

No era la única pista que manejaba esta organización. A unos 50 kilómetros de ese aeródromo había otro, también en medio de campos sembrados, cercano a la localidad de Carrizales, que controlaba Pablo Javier Raynaud. Este fue detenido a mediados de julio en una situación paradójica: en pleno barrio de Núñez, a pocas cuadras del estadio de River. Raynaud era fanático de ese club y, a pesar de estar prófugo, cada tanto iba a ver a su equipo jugar.

Tenía cuatro plateas y vivía a cinco cuadras del Monumental, en Blanco Encalada al 1400. Estaba prófugo desde octubre de 2023, al igual que Bilbao. Raynaud, de 51 años, había sido empresario agropecuario y era un engranaje clave de la logística narco. Era el dueño de una pista de aterrizaje y un hangar en Carrizales, donde bajaban las avionetas que traían cocaína de Bolivia y Paraguay, como lo hacían también en el aeródromo de Campo Timbó, el country ubicado en Oliveros.

Su detención, luego de un trabajo conjunto entre el área de inteligencia que conduce Maximiliano Bertolotti en Santa Fe y la SIDE, no derivó aún en novedades sobre el paradero de Bilbao, la figurita más difícil de este equipo narco. Además de Bilbao, siguen prófugos su hermano Waldo, Paola Vanesa Acuña, Yoel Denis Aragón, Mariano Miguel Zuviría y Maximiliano Javier Martínez.

Teatros y lavado de activos

Según el expediente al que tuvo acceso este medio, Brian Bilbao fue el responsable de la compra, a través de testaferros, de la sociedad VTX Rosario, que controla los teatros Vorterix de esa ciudad y de Mar del Plata. Bilbao había destinado una combi Renault Master para el traslado de los artistas que tocaban en el teatro, conducida por Hernán M., integrante de la banda narco de acuerdo a la documentación de la causa.

Bilbao desembarcó en Vorterix a partir del 29 de octubre de 2018. El presidente de la sociedad era Juan Carlos V.L., un empresario del rubro inmobiliario. Siempre llamó la atención que el nombre de la inmobiliaria Adelante fuera el sponsor oficial de las camisetas de Newell’s y Rosario Central.

Otro indicio de que algo extraño había detrás de Vorterix en Rosario era que los artistas que tocaban cobraban entre tres y cuatro veces más que en otros teatros. Ese era el comentario que circulaba en el ambiente del rock.

 Con información de Germán de los Santos



Fuente: PREGON

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